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El tiempo ha terminado por dar una vez más la razón a quienes ven el fenómeno OVNI como un útil asidero al que recurrir para distraer a la opinión pública sobre otros asuntos de mayor relevancia, y también parece otorgársela a aquellos que desde el otro extremo, defienden que las noticias más trascendentes sobre este misterio se brindan al público cuando mediáticamente estamos distraídos con asuntos menores. Personalmente, por irritante que pueda resultarle a más de uno mi posicionamiento, creo que ambas posturas llevan algo de razón, aunque en absoluto considero que la pandemia por Covid-19 sea un asunto menor.

Las noticias sobre OVNIs, ciertas o no, inevitablemente resultan distractoras para el gran público, un efímero entretenimiento que nos aporta algún cartucho para el fuego cruzado que se entabla en una de esas intrascendentes, y hoy prohibitivas de no mediar distancia y mascarilla, conversaciones de terraza. Ante asuntos de mayor calado, servir una tapa de objetos voladores no identificados, con todo su impreciso poder evocador relativo a la existencia de vida inteligente en el Universo, calma el apetito y asegura que la mayor parte del público mire hacia otro lado sin detenerse en el menú.

Sin embargo, también sucede lo contrario. Desde los tiempos del mítico affair de Roswell, en el verano de 1947, la comunicación gubernamental de las observaciones y encuentros con OVNIs no ha sido precisamente fluida y transparente. Hay que comprender que no es un plato de buen gusto reconocer que “algo” se pasa por el forro a nuestra tecnología más avanzada, sortea los sistemas defensivos, hace cabriolas imposibles antes nuestros cazas o merodea a su antojo por las instalaciones más secretas o estratégicas de las principales potencias. Hablar de OVNIs, cuando el tema es verosímil e incuestionable, no ha sido cómodo ni fácil para gobiernos y entidades gubernamentales, de ahí que ningunear a los informantes e investigadores, trivializar los casos o aprovechar el enfoque más friki, haya convenido a quienes son incapaces de controlar el fenómeno y explicar su anómalo y desafiante comportamiento. El histórico proyecto de la fuerza área estadounidense Blue Book, desarrollado a mediados del siglo pasado y que de manera tan malograda ha sido ficcionado por History Channel, es un buen ejemplo de abordaje gubernamental manipulativo, como también parece haberlo sido una buena parte del proceso de desclasificación realizado en España a partir de 1991 por el Mando Operativo Aéreo, que culminó con la liberación de los 80 expedientes sobre OVNI que obraban en poder del Ejército del Aire. Es por ello que a las noticias serias sobre OVNIs también les conviene ser divulgadas en tiempos revueltos, para que su notoriedad o su análisis disidente pierdan fuelle.

En todo caso, y enlazando con el título que encabeza estas líneas, este anómalo 2020 va camino de ser el año de los OVNIs, y el verano su estación preferida. Durante el confinamiento vivimos una especie de mini-oleada de observaciones, un cúmulo de avistamientos que en su mayor parte tenían una explicación convencional que pivotaba alrededor de nuestra falta de costumbre a la hora de mirar al cielo. Sin embargo este 2020 también nos regaló la futurista estampa celeste de la red de satélites Starlink de Elon Musk recorriendo en carrusel nuestros cielos, la visión y caída de un meteorito en los dominios tinerfeños de Daute, o el sereno tránsito del fotogénico cometa C/2020 F3 Neowise. Y para colmo, desde EE.UU. nos llegan noticias, que por reiteradas resultan sospechosas, insistiendo en que los OVNIs preocupan al Pentágono, que han sido filmados burlando a sus aviones de combate y que volverán a invertir dinero en investigarlos seriamente. Al respeto, meses atrás, el coronel retirado de la fuerza aérea uruguaya Ariel Sánchez Ríos, responsable de la entidad que oficialmente investiga el fenómeno desde hace cuarenta años en Uruguay, me confesaba que esta apertura de EE.UU. debía ser tomada muy en serio, pues suponía un sustancial cambio de rumbo. Él, personalmente, ha investigado casos que no tienen una explicación, lo que le lleva cifrar en un 3% el número de incidentes desafiantes, un “porcentaje que coincide con lo que ocurre otros países, y sobre el que no hemos podido definir su origen por tener unas características de vuelo inusuales que a veces superan el conocimiento que tenemos en cuanto a aerodinámica espacial. También hemos llegado a la conclusión de que estábamos ante la presencia de una tecnología superior aeronáuticamente hablando, y que se manifiesta en los cielos de todo el mundo. Es un fenómeno que no respeta fronteras y está presente en todo el planeta. Aunque hemos concluido que es tecnología superior aeronáutica, estamos por ver a quién pertenece”, nos decía en una reciente entrevista.

 

22 DE AGOSTO,  NOCHE DE OBSERVACIÓN

Es en este marco en el que hemos querido poner en marcha, a través del programa Crónicas de San Borondón de Canarias Radio y del colectivo de radioaficionados Radio Club Islas Canarias, la denominada “Noche de OVNIs”, una actividad que recoge el espíritu de las míticas “alertas OVNI” pero adaptada a la nueva realidad que vivimos, sin convocatoria presencial y dando prioridad a todas las recomendaciones sanitarias vigentes frente a la Covid-19. Será la noche del próximo 22 de agosto, en la franja de 21:00 a 24:00 H, con emisión online a través de la plataforma creada al efecto en la web www.nochedeovnis.es La elección de la fecha –la noche de un sábado veraniego- sólo buscó facilitar el seguimiento del evento, sin ninguna connotación adicional.

La tecnología permite prescindir de los encuentros grupales, facilitando que cualquiera pueda ser corresponsal a tiempo real desde su propio domicilio o punto elegido para observar el cielo, para lo cual se facilita la interacción a través de los foros de los canales en Youtube y Facebook de Crónicas de San Borondón, y de un chat de WhatsApp. Todo ello en el contexto de una emisión en la que se analizarán diversos aspectos del fenómeno OVNI, se contarán casos históricos y se explicarán las pautas a seguir en caso de ser testigos o evaluar un avistamiento, con rondas de consulta a los observadores distribuidos por toda Canarias. En el contexto actual y con el auxilio de la tecnología, será una actividad singular única hasta la fecha en nuestras islas, que por su condición telemática es responsable y segura.

 José Gregorio González

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